Ahora
que podríamos ser un poco más justos; que somos conscientes y por tanto
responsables, resultamos volviéndonos patéticos. Sin embargo el juego
sucio de envolver la apariencia deseando formarla parte de esa
malsana sociedad donde los cerdos opinan, está presente.
El
objeto es un ser, un elemento que forma parte de algo más que grande y
que a ciencia cierta cuesta imaginar y jode mezclarlo en tu repugnante
juego del que estuvo siempre propenso y del cual muchas veces hubiese dido mejor -para él- librarlo.
Ser
abordados desde el humor y la aceptación del absurdo, termina siendo
como una baraja de risas y seria a la vez; respaldada por una eterna
figura inanimada que por momento calma la esencia de lo irreal y
transporta todo a un campo abierto, con un mundo perfecto para los
protagonistas de la ocasión; pero con un ingrediente más: el deseo y la
tentación del bien por ser parte de ese mal.
Entonces
sin pensarlo más, creo que termino siendo más parte de esto sintiendo un
irónico protagonismo ideológico del que solo te forman parte en un
segundo, en un instante de magia; que sirve para envolverte en la agonía
de lo irreal, de lo absurdo, de lo anormal. Concluyo ahora con la convicción de que estoy no siendo parte sino el juego perfecto, la marioneta perfecta, el
títere perfecto.
Finalmenteidentificado con que se es lo que no se quiere ser, termino recordando el
punto de quiebre en el que se decidió en ya no ser más ni entrar más en
este sentido de vida, pero... quizás exista una razón, y solo el Dios sabe
porque nos hace parte de este juego.
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