Amaneció
con sol cadencioso – ¿Presagio o destino?, no lo sé- y empezaba a encenderse
más en mí este sentimiento…
Siento, como te puedo querer
tanto, y sé que eso no es jugar con mi vida y con tu canto; confieso que
disfruto apartándome de la realidad y convirtiéndome en tu bufón. Entonces me
detengo a pensar en el miedo que a ambos nos embarga, pero, me gana la
perseverancia que impone el destino, cuando me sumerge entre tus brazos
dejándome en este estado contemplativo y de encanto.
Pienso, y un Déjà vu me recuerda que te he soñado todo este tiempo indefinido, imaginándote
felina entre instantes de locura; brillando generosa y emanando sin premura tu
envolvente ternura. He soñado y he contemplado verme enamorado, pero, aunque
aún no lo entiendo me gusta cada vez no se qué tanto; es muy pronto, lo
sabemos, sin embargo ya he hecho presa de mí este gran sentimiento.
Siento, que dejas escapar frágil
en tu mirada, la delicadeza y admiración por el brillo de lo romántico.
Entonces me pregunto: ¿tu corazón suspirando está a la espera del momento en
que este poeta te corone entre sus versos como diosa?, entonces concluyo que sueño
también con ese mágico instante perdurable que acompañó todo este tiempo mis
ganas de esperaste.
Pienso, “he actuado como un niño
temeroso, extraviado en el extraño gozo que me da tu presencia y nuestro momento”. Confundido, no sé qué
fuerza obra en mí; tal vez el amor había escapado de mí, tal vez hace mucho
tiempo añoraba este instante eterno. No he sido lo suficientemente fuerte para
arriesgar, pero hoy siento las ganas de por ti, hacerlo; no he tenido el valor
de mostrarte este dichoso perfume romántico que produces en mi cuerpo, sin
embargo me gana esta realidad que imaginé nunca vivir pero que empezó a crecer con
tus versos.
Siento, las últimas horas en ese lugar y lo más seguro era que no volveríamos por mucho tiempo; en el fondo me sentí profundamente alegre, existió el espacio suficiente para afianzar estos sentires internos. Creo que supe desde siempre que iba a quedar marcado por una historia así, y ya no sé cómo, pero si se que no quiero evitarlo. Aquella noche, mientras dormías pensaba en ti y sentía esas dulces sonrisas tras de mí; de pronto la fantasía se asomó a mi mente e iluminó mi pensar: “Bendita sea la naturaleza y el camino que nos trajo hasta aquí”.
Amaneció hoy
muy soleado, abrí mi maleta y me di cuenta que la traje cargada con tus
suspiros; es que ha cambio tanto la
dirección de mi brújula que no exagero si digo que doy pasos poniendo como mi
camino tu recuerdo. Me vine con el retrato imaginario de aquel momento y ya no
tengo más el alma enredada.
Ahora,
finalmente puedo decir que ese temido sentimiento, con mi consentimiento, de mí
se ha apoderado.
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